
Ha pasado un tiempo desde que estuvimos en Amayuelas y creo que lo que vivimos no puede caer en saco roto. Allí estuvimos Maite, Marta, Cristina, Ángela, Laura, Sergio, Mónica, Merche, Mª Ángeles, Toni, Miguel y yo (12 personas en total). Llegamos el viernes por la noche por tandas y pudimos asistir al Foro de Nuevas Utopías que organizan mensualmente en Amayuelas. Esta vez se hablaba de la Carta de la Tierra http://www.cartadelatierra.org/ y se percibía interés por el tema y buen nivel de participación. Cuando terminamos el foro pasamos a la cena que nos supo a gloria. Una sopita de verduras y cordero. Todo un lujo. Algunos y algunas nos quedamos festejando hasta altas horas de la madrugada, pero sería difícil dar cuenta de todo lo que se habló en esa reunión informal y prefiero invitaros a repetir la experiencia en otro momento. Esa noche pasamos un frío de narices. Se oía el claqueteo de nuestros dientes y algún pequeño y casi imperceptible ronquido. La duchita de agua caliente nos falló, pues se habían olvidado de encender el termo. Pero nada grave. Un lavado de gato fue suficiente para pasar el día. Después de desayunar nos presentaron el proyecto. Fue una exposición interesante aunque echamos de menos tener más tiempo para preguntar y dialogar.
La gente de Amayuelas no se consideran propiamente eco-aldea. Su interés a día de hoy es recuperar el municipio. Intentar que vuelva a ser lo que fue pero aprovechando todas las buenas prácticas que conocemos sobre desarrollo humano y sostenible. El problema: estamos dentro de un sistema neoliberal que dificulta la supervivencia de cualquier otra alternativa. El mismo proyecto de Amayuelas está sujeto a constantes cambios y redifiniciones. Empezaron con una idea más comunal de la propiedad, pero poco a poco fueron viendo que el nivel de implicación en el proyecto no era el mismo dependiendo del riesgo que había asumido cada uno de los integrantes. Decidieron ayudar a quien se ayuda y ahora nos encontramos una suma de iniciativas privadas que cada habitante de Amayuelas decide si apoyará a título individual, según los planteamientos y garantías de las mismas. No hay un fondo de ayudas, ni un banco de tiempo, ni un diseño colectivo de los proyectos. Ha habido iniciativas que surgieron en Amayuelas que se han terminado por asentar en otros lugares con mejor proyección comercial, como es el caso del catering. Percibimos que no es fácil mantener vivos los planteamientos iniciales. Pero también percibimos que no cejan en el intento y que son gente inquieta y en búsqueda constante.
El sábado por la tarde estuvimos visitando la Catedral de Támara de Campos y San Martín de Frómista. Preciosas. Terminamos con un excelente vino en Frómista, con un queso delicioso. Ummm, se me está haciendo la boca agua. La segunda noche la pasamos más calentitas y calentitos. Toñi se encargó de pertrecharnos bien de mantas, calcetines y pijamas. Gracias Toñi. Nos reímos mucho con ella porque era una madre pero a lo bestia, de esas que no descansan un minuto hasta que todo queda en orden.
El domingo fue un día tranquilo. Hablamos de lo vivido en Amayuelas y planificamos nuevas reuniones para el curso que comenzamos. Estábamos muy animadas y animados. Creo que esto es lo que nos tiene que quedar de aquel encuentro. Nos sentimos grupo, con ganas de tirar para adelante, de seguir buscando sin descanso una salida. Juntas, juntos. Estoy seguro de que lo iremos logrando. El viernes 30 de noviembre nos reunimos para leer nuestra realidad desde el enfoque de los DDHH, que es el hilo conductor de las reuniones de uno de los GVS. Los demás seguiremos trabajando desarrollo sostenible.
La gente de Amayuelas no se consideran propiamente eco-aldea. Su interés a día de hoy es recuperar el municipio. Intentar que vuelva a ser lo que fue pero aprovechando todas las buenas prácticas que conocemos sobre desarrollo humano y sostenible. El problema: estamos dentro de un sistema neoliberal que dificulta la supervivencia de cualquier otra alternativa. El mismo proyecto de Amayuelas está sujeto a constantes cambios y redifiniciones. Empezaron con una idea más comunal de la propiedad, pero poco a poco fueron viendo que el nivel de implicación en el proyecto no era el mismo dependiendo del riesgo que había asumido cada uno de los integrantes. Decidieron ayudar a quien se ayuda y ahora nos encontramos una suma de iniciativas privadas que cada habitante de Amayuelas decide si apoyará a título individual, según los planteamientos y garantías de las mismas. No hay un fondo de ayudas, ni un banco de tiempo, ni un diseño colectivo de los proyectos. Ha habido iniciativas que surgieron en Amayuelas que se han terminado por asentar en otros lugares con mejor proyección comercial, como es el caso del catering. Percibimos que no es fácil mantener vivos los planteamientos iniciales. Pero también percibimos que no cejan en el intento y que son gente inquieta y en búsqueda constante.
El sábado por la tarde estuvimos visitando la Catedral de Támara de Campos y San Martín de Frómista. Preciosas. Terminamos con un excelente vino en Frómista, con un queso delicioso. Ummm, se me está haciendo la boca agua. La segunda noche la pasamos más calentitas y calentitos. Toñi se encargó de pertrecharnos bien de mantas, calcetines y pijamas. Gracias Toñi. Nos reímos mucho con ella porque era una madre pero a lo bestia, de esas que no descansan un minuto hasta que todo queda en orden.
El domingo fue un día tranquilo. Hablamos de lo vivido en Amayuelas y planificamos nuevas reuniones para el curso que comenzamos. Estábamos muy animadas y animados. Creo que esto es lo que nos tiene que quedar de aquel encuentro. Nos sentimos grupo, con ganas de tirar para adelante, de seguir buscando sin descanso una salida. Juntas, juntos. Estoy seguro de que lo iremos logrando. El viernes 30 de noviembre nos reunimos para leer nuestra realidad desde el enfoque de los DDHH, que es el hilo conductor de las reuniones de uno de los GVS. Los demás seguiremos trabajando desarrollo sostenible.


